ELLA, MI MADRE
Fecha: 18 febrero, 2023 por: dariomartinez
Afortunadamente también las tengo a ellas. Mi día a día es compartido. No estoy solo ni en la vida real ni en la vida virtual. No intento burlarla (la realidad, el ser en sus tres dimensiones inagotables) con ideas infantiles de las que habría mucho que decir.
Hace diez años acaeció lo que no por natural resulta triste. La muerte sobrevenida, no deseada, de alguien a quien quieres es un acto de ruptura doloroso. Efeméride luctuosa. No sé si un acto que pueda hacerte mejor o peor. Es una forma individual de percatarnos de que no todo es una ilusión, una ficción trucada de felicidad inoperante y cargada de ignorancia.
Finales de enero, principios de febrero. Yo en un aquí y allá. Una vida de trasiego entre Medina de Pomar (Burgos) y Asturias. El trabajo marcaba decisivamente mi modo de enfrentar la vida. Me había tocado en suerte estar fuera, y digo acertadamente suerte porque la alternativa era la permanencia en mi tierra sin nada que hacer, estado ideal para iniciar un proceso de hiperreflexión dañino para mí y para los demás, que me podría conducir a una situación complicada. Por fortuna mi trayectoria de vida fue otra. Eludí por mi buen hacer de tiempo y por la ayuda de los que estaban conmigo la tan temida y difícil de tratar depresión.
Una buena noticia se venía fraguando. Era reciente y todo apuntaba a una desenlace feliz, tal y como ocurrió y sigue sucediendo. Iba a ser padre por segunda vez. La prudencia en el inicio del embarazo aconseja no comunicar la noticia. Puede truncarse todo. Los primeros tres meses son decisivos. Callar evita, de ir mal las cosas, tener que explicar lo más temido. La pérdida de un hijo no nacido es una posibilidad, el dolor para todos sería entonces esa larga sombra de ciprés que empañaría el resto de nuestras vidas. Pues bien, las pruebas médicas eran favorables, todo iba bien: la madre sana y el feto sin problemas. Las ecografías nos lo mostraban. Era el momento para una buena noticia que había de ser traslada a los que más quieres.
En Burgos recibo la noticia directamente comunicada por mi mujer. La buena noticia. Pienso al instante en el momento que estoy viviendo. En él incluyo a mi madre. Iré a verla el fin de semana, está en cuidados intermedios del antiguo Hospital Central de Asturias (se estaba trabajando en su traslado al nuevo HUCA), esperaba que de ahí fuese a planta y con el tiempo y la paciencia requeridos por la grave enfermedad fuera recuperando las fuerzas necesarias para salir del hospital, del peligro que se ceñía sobre su vida. Como familiar tenía el triste privilegio de poder ponerme en contacto con los responsables directos de la atención, tan exigente como delicada, de mi madre. Quería estar informado de su estado de salud, la etapa en la que se encuentraba en su dilatado proceso de recuperación tras la operación de corazón. El mensaje era confuso, me trasladaba que bien pero a la vez oía con nitidez los quejidos de alguien que estaba sufriendo, mi madre nunca fingió. El dolor que escuchaba no era de ningún otro paciente. Con la frialdad de quien hace de su trabajo directo con la enfermedad un hábito, unas veces permite transformar la enfermedad en salud y otras no, me confirma la fuente descarnada de quien se aproxima al no ser. Mi madre estaba poniendo a prueba un corazón sometido ya a muchas pruebas, un corazón muy débil que debía trabajar para frenar una hemorragia que no cesaba ocasionada por la perforación de la vena femoral de la pierna izquierda al ser utilizada como vía de acceso al tratamiento médico (no sé si causada por una mala práxis, no estaba con fuerzas para dilucidar eso, mi atención se dirigía en otra dirección que estimaba más acuciante). Su vida se apagaba, mi buena noticia era neutralizada, acallada. No podía decirle a mi madre nada que la pudiera alterar. La vi de viernes de tarde. Su mal estado era palpable. Un dilema: ¿le decía la buena noticia y corría el riesgo de que se alterase y pusiera a funcionar un corazón ya de por sí en apuros, o no se lo comunicaba y de este modo no la alteraba, siendo consciente de que corrría el riesgo de que no puediera estar más con mi madre y de este modo no pudiera saber nunca que iba a ser abuela por segunda vez de una nieta? Me tuve que tragar la lengua. Disimular, ahogar mi persona y fingir de la mano de un personaje mal interpretado que todo iba a ir a mejor, que era una situación transitoria hacia la continuidad de la vida, que debía seguir luchando (cosa que hizo), y que ilusionadamente, pensaba para mí, la noticia que estaba ocultando saldría a la luz y permitiría que su mejoría fuese más acelerada.
No fue así. Entró en coma. Se hizo médicamente todo lo que se puedo. Las tecnologías médicas, los conocimientos del equipo de profesionales de la salud no fue en este caso suficiente. Mi madre falleció, nos dejó. Lunes por la mañana, casi diez días después. Me trasladan la noticia ya a primera hora de la mañana, con el día inciando su andadura. Asisto a ver por última vez a mi madre. Dos silencios: el suyo para siempre, el mío, por pena, transitorio e interrumpido por las lágrimas que se ven pero no se oyen. Ya no está con nosotros. Sigo desde ese día contándole el día a día de su segunda nieta tal y como vivió a su primera nieta. Las dos la recuerdan gracias a mi recuerdo. Es una realidad, no sólo ontológica y segundogenérica (M2), y me pongo en tono filosófico, petulante tal vez, pero es una realidad de ficción, construida con la amalgama del cariño, de la ficción racionalizada para así llegar a mis hijas, o para inculcarles la necesidad de luchar por ser mejores y por vivir (no es poco), además de la generosidad responsable para con los que más quieres, el compromiso con los demás, o lo que es lo mismo: la huida del yo imbécil y egoísta que en un mundo sin compromiso sólo piensa de modo atrofiado en sí mismo. Hay que huir, vía buenos recuerdos y entendimiento, de lo más ruin. Hoy lo mediocre se llama idiotez, y se vende como felicidad infantil en donde se transforma, deliberadamente, lo necesario y comprometido con los demás en los deseos de un yo puro imaginado como original, auténtico, autónomo, y que no es más que un tópico repetido hasta la saciedad y promocionado por los demiurgos de turno.
Homenaje a mi madre. Con Ella puedo estar mejor con Ellas. Gracias.
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