Sobre la racionalidad humana institucional

Fecha: 17 febrero, 2024 por: dariomartinez

DE LA NOETOLOGÍA

1.-  ¿Por qué la racionalidad humana es institucional?

La respuesta ha de ser directa, ha de permitir cribar posibles interpretaciones que conduzcan a aporías insalvables. Es institucionalizada porque nos distancia de los animales (1). No se niega la condición zoológica previa, evolutiva, derivada de los primates precursores del hombre en tanto que animal racional aunque por ser su hacer, y ser su ser, transgenérico, institucionalizado, y ya no sólo a nivel intrasubjetivo, si se quiere, espiritual, inteligente o trascendental en tanto que ser que mantiene relaciones desiguales con entidades no humanas y reales, con voluntad, con capacidad proléptica, es decir animales linneanos propositivos y sin lenguaje articulado, sino que también por su condición social y objetual. El hombre es en tanto que ser actuante, que hace como agere y como facere, que emplea técnicas de las que su racionalidad no se puede desligar. Los contenidos como resultado de su ser inteligente son ellos mismos contenidos racionales. Las instituciones, que van más allá de las ceremonias y las engloban, son también racionales por ser objetuales, materiales, corpóreas: “[p]or lo que la racionalidad de las instituciones no habrá que adscribirla solo a las conductas racionales de los sujetos o de los sujetos en tanto sujetos sociales, a la cultura subjetiva, sino que también habrá que extender la racionalidad institucional al campo de la cultura objetiva” (2). En el ámbito del espacio antropológico la racionalidad humana institucional también está presente en el eje radial.  Las instituciones permiten explicar la cultura humana. Adentrémonos en el núcleo del asunto que estamos tratando a nivel noetológico con un ejemplo familiar.

Un peluche. Es un juguete infantil de uso generalizado entre los más pequeños. Su miedo a la soledad los compromete con su compañía, especialmente nocturna. No solo activa sus destrezas emocionales, facilita además la salud de un sueño que en edades tempranas es vital para su desarrollo cognitivo. Es el resultado de una racionalidad conductual y social. La impronta de los peluches en la infancia y su validez como juguete amigo y tranquilizador de los niños no es sólo una cuestión social compartida, no es sólo un asunto en conocimiento de los más expertos pediatras y por tanto un saber exclusivo de élites académicas. Con el peluche el niño crea un vínculo afectivo muy estrecho, diríamos casi íntimo. Comparte espacio, comparte sueños, comparte momentos lúdicos, de juego. Es identificado, fragua un yo que es en tanto que tiene, posee, algo que le es propio. Germina su personalidad. Su ser es coexistir con alguien que no es él. La soledad se neutraliza. El peluche adquiere una categoría especial, diferente. Toma importancia, se le da nombre, se le habla, se mantienen relaciones afectivas reales, dominadas por la ficción, por la imaginación del niño, pero eficaces. Coordinarán varias etapas de su desarrollo y servirán de control de sus miedos nocturnos. Pero si el peluche es una institución es porque es corpóreo, siendo corpóreo, es manipulable, se opera con él, se juega, se viste, se coloca en lugares privilegiados, se convierte en fetiche, y lo es no sólo porque tiene algo de trascendente, de personalidad, de inteligente al otorgarle voluntad y dotarle de palabra (v.g. uso por parte del niño en muchas ocasiones de una voz en falsete, sabe que es él porque no es el otro, no es su peluche), sino porque es un contenido corpóreo, fruto de un ensamblaje preciso, que le otorga formas muchas de las veces animales, suaves, redondeadas, maleables, flexibles, ligeras, accesible a las manos del menor por ser su tamaño adecuado a su edad. Insistimos, es un fetiche porque es corpóreo, objetual, extrasomático, es por tanto una realidad ontológica primaria, tridimensional. Se diviniza al otorgarle atributos inteligentes humanos, al dotarlo de modo fingido de personalidad, al convertirlo en un objeto personal. Luego podemos predicar del peluche racionalidad y es su condición de institución la que nos permite a su vez y con sentido hablar de racionalidad en el niño. Obviar la importancia en la infancia de los muñecos que acompañan a los niños, tratarlos desde una óptica etic como objetos inertes vacíos de personalidad, abordarlos con sentido sólo desde la institución conductual o social del niño y la familia sólo puede ser resultado de un enfoque miope y dominado por prejuicios iluminadores, a la vez que perturbadores y confusos, derivados del dualismo cartesiano (3).

2.- ¿Consideras que el ciclo noetológico también puede explicar las conductas raciomorfas de los animales aunque los animales no tienen racionalidad institucional?

Con bisturí de maestro del cine, con un escrupuloso dominio de las técnicas del séptimo arte, Kubrick en su obra maestra 2001 una odisea del espacio adecúa su narración a un acontecimiento sucedido hace, por lo que los estudios paleoantropólogos más serios nos dicen, unos 3,5 millones años. Nos vamos a un momento que se ajusta muy bien al origen de la racionalidad institucional humana, a nuestro distanciamiento de lo estrictamente animal. Está cargado de información: hábitat semidesértico, reducido aporte energético e hídrico, persistente invariabilidad, y lucha por la vida como condición necesaria.

Primer momento del ciclo noetológico, posición o proposición. Es un acto de criba, de selección, segrega en un conjunto o totalidad atributiva de huesos cuál pueda ser más útil para un objetivo que está por definir y que es ocultado al espectador. En este entorno difícil y para nada domesticado se hallan nuestros protagonistas; presenta a un grupo de prehumanos en una situación rutinaria de acopio de alimentos. La escena comienza a centrarse en uno de los miembros del grupo, Kubrick la ejecuta dilatando el tiempo. La narración es elevada por la imagen y por la música. Su actitud deja de ser cotidiana, se antoja reflexiva, es acompaña de un intencionado movimiento de manos, se dirige hacia un objeto próximo, segundo momento del ciclo noetológico o de contraposición.  Se privilegia un resto óseo de animal que presenta la peculiaridad de ser alargado, pesado, y abarcable manualmente. Así se intenta resolver la identidad proyectada en un primer momento que se nos había ocultado. El movimiento de mano, brazo y cuerpo ha de ser coordinado, es para ello necesaria una condición motora desarrollada. Su capacidad prensil, gracias a la superposición de los dedos pulgar y meñique, se pone en marcha, tercer momento del ciclo noetológico de resolución o recomposición; los efectos son inmediatos, la fuerza que se puede desprender de su objeto-puño es notablemente superior a su sola fuerza manual, la evidencia se repite y confirma en varias ocasiones. Es así resuelta la identidad proyectada en un primer momento.

Con la parcela de trama narrada a través del cine vemos que en el origen prehumano ya hubo racionalidad. Como animales muchas de nuestras conductas eran racionales, éramos seres raciomorfos. Los objetos resultantes de nuestro operar inteligente siendo racionales, siendo obra de seres raciomorfos, con cultura tal y como hoy nos revelan los estudios etológicos, no eran institucionales. No lo eran por la ausencia de técnica, de manipulación. Hablamos de objetos, no herramientas o artefactos modificados en su diseño de forma inteligente. No hay una identidad morfológica que se recupere como punto de partida, y no la hay por ser una materia informe, no manipulada. No hay artefacto que recuperar racionalmente, es un contenido material vacío de transformaciones operatorias recurrentes de acuerdo con el ciclo noetológico. Ahora bien, dicho contenido objetual, usado y no manipulado, proyecta en el grupo y frente a terceros un modo de articular la existencia nueva, una realidad social diferente, más compleja, más exigente y más apta para la vida, permitiendo así dominar en situaciones de conflicto a otros grupos. De dicha dialéctica surgen transformaciones evolutivas de tipo biológico como puedan ser las cerebrales, mayor volumen craneal, bipedestación o liberación de las manos, se dejarán de apoyar los nudillos para caminar, o modificaciones en las manos que permitirán un mayor grado de destreza, de manipulación de diferentes contenidos corpóreos que a medida que formen parte de la existencia humana irán permitiendo entender su proceso evolutivo, su desarrollo intelectual, cultural, en definitiva de adaptación a la vida como cultura esta vez propiamente humana, es decir institucionalizada, normalizada, repetible, manipulada y con impronta axiológica al dirigirse hacia nuevos modelos de conducta que se pueden asumir o rechazar (4). El cambio gnoseológico de una antropología zoológica a una antropología cultural irá vinculado necesariamente a este desarrollo institucional. La protoinstitución objetual hueso no modificado y empleado como arma frente a otro grupo o tribu implica poder entender que las relaciones del grupo de prehomínidos cambia, la relación con otros grupos de la misma especie en la lucha por los recursos de subsistencia será a partir de ahora conflictiva, de lucha a muerte, o de cooperación con un propósito compartido. Ahora la asimetría entre los prehomínidos capaces de controlar un hueso como objeto corpóreo capaz de poder matar, servirá como útil de defensa y de ataque, acentuándose así las diferencias. De este modo aumentará la asimetría entre ellos con respecto a los animales de diferente especie que coexisten en el mismo entorno y cuyo telos no es otro que la supervivencia. Los animales serán fuente de energía para el mantenimiento de la vida y serán objetivo de caza, de depredación. Serán en su doble naturaleza, y ya en el eje angular del espacio antropológico seres numinosos, seres con figura no humana. Pero debemos subrayar que también hubo seres con figura humana y extraños para el grupo, y por tanto diferentes, numinosos, y en muchos casos buenos para comer. El canibalismo habrá de entenderse como una institución. Los restos manipulados, la extracción del tuétano, la trituración de sus partes más duras y la ingesta de la carne son testimonios de nuestro pasado, reliquias antropológicas que no se pueden eludir, reliquias tratadas desde una perspectiva distributiva de las instituciones, cíclicas, reproducibles y que están fuera de la historia o si acaso pueden aflorar puntualmente, en el marco de un episodio aislado de supèrviviencia extrema y sin alternativa, en el marco humano civilizatorio como rasgos propios de la condición etológica humana, es decir bárbara o salvaje.

Corolario

Con el ciclo noetológico podemos explicar las conductas raciomorfas de los animales aunque en su hacer no haya contenidos objetuales institucionalizados, ahora bien, con sus conductas raciomorfas ellos no pueden ni siquiera explicar las conductas institucionalizadas más elementales de la cultura humana. Como nos dice Gustavo Bueno: «A ningún primate, que se sepa, a ningún pitecántropo, a ningún antecessor, se le ha ocurrido poner los huesos de los pitecántropos o de los antecessor formando una serie ósea evolutiva». (5)

Notas

(1)      “Suponemos que la cultura humana es transgenérica respecto de las culturas de los homínidas precursores (chimpancés y australopitecos). Y lo es porque la cultura humana facilita a los hombres una plataforma tal que les permitirá verse en cuanto sujetos corpóreos, y sin dejar de serlo, a distancia de los primates […] Esta es la nueva plataforma humana, una plataforma que no está edificada sobre una previa conciencia, puesto que es esta conciencia la que se forma en el mimos proceso de ordenación de las series óseas (o de otras similares)”. Bueno, Gustavo (2005). Ensayo de un teoría antropológica de las instituciones, págs. 5-6. El Basilisco, 2ª Época, nº 37. Oviedo.

(2)      FUNIBER. Tomo I. Noetología, pág. 36.

(3)      FUNIBER, op. cit. pág. 16.

(4)      FUNIBER, op.cit. págs. 37-40.

(5)      Bueno, Gustavo: Ensayo de…., op. cit., pág. 6.

Bibliografía

–          Bueno, Gustavo (2005). Ensayo de un teoría antropológica de las instituciones. El Basilisco, 2ª Época, nº 37. Oviedo.

–          Instituciones. Tesela 12.

. Consultado el 05 de febrero de 2024.

–          Luís Carlos Martín Jiménez. Núcleo y síntesis del materialismo filosófico. 21 de julio de 2022. Encuentros de filosofía en Santo Domingo de la Calzada  https://www.fgbueno.es/act/sdc2022.htm. Consultado el 04 de febrero de 2024

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