Sin filosofía. Pedro de Silva*. Un comentario a modo de análisis

Fecha: 13 abril, 2022 por: dariomartinez

Extraído de la prensa regional escrita. Reproducido para un examen de cada una de sus partes. Comencemos por su reproducción:

     «¿Mengua la filosofía en la enseñanza? Puede que no, pero el problema no está ya ahí, sino en que la mayoría de los filósofos ha ido abandonando el barco, retirándose poco a poco de nuestra vida. Con honrosas excepciones, hace ya mucho que se aplican sobre todo a enredarse en su bucle académico, batallando solo en categorías abstrusas y dejando el mundo, salvo para tratarnos de darnos algunas lecciones de moral casi doméstica y adornar de cierto empaque lo políticamente correcto. No tienen en cambio voz audible en los grandes temas de nuestro tiempo, como el cambio climático, los modelos de sobrevivencia ante el virus, la posesión de las mentes por la tecnología o las nuevas formas de las guerras y el miedo, o sea los cuatro jinetes del Apocalipsis hoy. De este modo los planes de estudio serán solo una preparación de la mente, sin continuidad en la vida real».

    Siguiendo su camino deductivo. Inicia la reflexión con la típica pregunta capciosa, es decir sabe la respuesta y dirige la lectura, la pregunta sin responder ya culpa, parece el Proceso novelado de Kafka. Además por ser una mera conjetura se puede admitir el sí o el no, y sin problema el tal vez. «Puede que no». Todo vale.  Muy posmoderno y actual, sin verdades que duda cabe que no hay mentiras, habrá ideas fuerza y adjetivas, promovidas por partidos que logran encubrir la realidad no deseada con eslóganes pegadizos e imágenes idealizadas; fin de las desigualdades, promoción de la inclusión más allá de las diferencias cada vez más notables entre las numerosas comunidades autónomas de nuestro país en rentas, posibilidades, tributación, promoción y ascenso, sueldos, etc.; fin del Estado como estructura compleja y niveladora, estímulo fértil ya atractivo para la idea fuerza de identidad nacional como proyecto secesionista indiferenciando y confundiendo entre un todo atributivo (cada una de las partes forma parte del todo de modo necesario, y cada una de las partes es diferente.  Vaya por delante que el todo político será el estado-nación España) y distributivo (cada una de las partes es independiente e igual formando un todo puramente convencional, arbitrario y no compartido, en otras palabras no reconocido como entidad política y menos nacional); diplomacia de bolsillo, debilitamiento exterior como país frente a nuestros más directos rivales, olvido vía memoria descafeinada e ideológica de la historia como resultado del estudio y del entendimiento según relatos y reliquias; asunción de la propaganda ajena, léase «leyenda negra» que sirve para eludir las virtudes y engrandecer los errores acudiendo a las emociones, a lo individual y psicológico y obviando por retrógrado su contenido de fondo político, y por último disolución de la familia como herramienta para intentar dejar atrás nuestra fatídica trayectoria que nos está abocando al temido invierno demográfico.

No hay argumento que permita dar solución al problema planteado. Hay filigranas sofísticas. Fuegos de artificio huecos, atractivos, pero sobre todo epidípticos, de superficie y teatralizados. Se posiciona como un apenado de la situación creada por él y por sus correligionarios «retirándose poco a poco de nuestra vida», encubre la responsabilidad y la traslada al otro, a una voluntad cada vez menos dividida, académica, funcionarial, plegada al sí obediente («al deber por el deber», «al deber como querer») de quién manda (sus amigos de partido y afines), por eso «hace ya mucho que se aplican sobre todo a enredarse en su bucle académico»; propuesta kantiana, «atrévete a saber» pero si eres parte del engranaje del Estado obedece, ese es el lugar ideal para libertad privada, uso de la razón esclava de la ley moral práctica ilusoria pero necesaria. Estos son los filósofos que según su diagnóstico aureo, casi preciso y propio de la diosa Diana, alcanza a identificar, y herir con su saber mortalmente. Apunta a la torre de marfil del mal de la filosofía: el dogmatismo irreductible al cambio crítico de sus principios: «la mayoría de los filósofos ha abandonado el barco». Juego perverso al mostrar una idea de filosofía exenta y dogmática, además de escolástico, cómo una filosofía practicada en España.

Añade a la denuncia su análisis marxista devaluado, señala la impronta de la filosofía de hoy, ser una maquilladora de la realidad, una filosofía utópica de tocador dirigida a la moral esclava de lo pasional y emocional, de lo útil, a modo del emotivismo anclado en la fuerza y la vivacidad por cada uno sentida. Un repliegue filosófico a la ética, un vacío de la política y de la moral, que inevitablemente anula la realidad y la quiebra en favor de lo meramente representado «salvo para tratarnos de darnos algunas lecciones de moral casi doméstica y adornar de cierto empaque lo políticamente correcto». El pensamiento Alicia que él bien conoce domina, y lo hace en su propia persona cuando lo desprecia con el ninguneo de la no mención de aquellos que apuestan por una filosofía sistemática «[c]on honrosas excepciones», en español, plural, abierta, antidogmática, no exenta, infecta (que no perfecta), pública, activa, en debate permanente con otras alternativas filosóficas, potente, real, de segundo grado y sobre saberes de primer grado análogos, con sus semejanzas y sus diferencias. Construida aquí, y divulgada sin la ayuda de los miembros de su partido, ideologizados, hacedores de filosofías líquidas: relativistas, agnósticas, y sobre todo ecologistas y verdes; construcción metafísica, armoniosa, hipostasiada, e inoperante por ser deudora de una ontología hiperrealista anulada, negada en su ser anantrópico y no propositivo, y cuya realidad suplantada no es otra cosa que la experiencia en mí promovida bajo la ética de lo políticamente correcto. Filosofía la suya ecuménica, que elude el dogmatismo y lo supone superar con un multiculturalismo ético que falla bajo coordenadas políticas de tradición occidental: griega, romana y cristiana,  o alternativas éticas más potentes y asociadas a la vida de la persona como sujeto operatorio e individual y la vida de los demás al ser entendidos como universalmente iguales.

Siendo así los planes de estudio dirigidos por los más, no por los mejores y por sus méritos, adoctrinarán a los diferentes ciudadanos de cada comunidad en sus propósitos de perpetuación de sus privilegios, dotarán a su educandos de menos oportunidades, de más ficciones ilusorias y satisfactorias y engordarán con la jerigonza de turno la falsa realidad de una libertad exclusiva e igualitaria para poder acceder al mercado pletórico que a todos y a todas horas se nos ofrece. Neofeudalismo de diseño promovido por las élites. Más ciudadanos en la caverna, luego más estabilidad interna, suponen a modo de silogismo dialéctico aristotélico. Una democracia convertida en oclocracia nos debilitará en el marco de la relaciones internacionales, nos despojará de la necesaria prudencia para prever situaciones límite que exijan capacidad y esfuerzo, moldearán el sistema productivo a su voluntad y dará como resultado que su continuidad y redistribución de los beneficios por todos obtenidos sean puestos con más frecuencia en riesgo. La política que pretende ocultar los desequilibrios sociales los agrandará sin ser percibidos y menos rechazados, se asumirán con la nueva filosofía de moda: la espontánea, la que no necesita de estudio y menos de esfuerzo. Parte de estos mediocres resultados que seguimos padeciendo responden a sus propósitos y a sus despropósitos, a su falso saber preñado de ignorancia no reconocida.

Dice Roca Barea en varios de sus libros que la propaganda anglosajona, en la que son unos magníficos profesionales, funciona de forma eficaz porque identifica el mal en el enemigo y automáticamente excluye de su ideario y de su hacer tal aberración. Acusar al otro es su salvación, el mal en el otro es el bien en mí, la depravación ajena es la virtud en mí. Denúncialos y sálvate. Eso hace el Sr. Pedro de Silva. El problema es que en el barco carcomido en el que todos vamos no puede evitar ir él, y además no puede evitar ser una de las causas ideológicas de su casi seguro naufragio.

Prueba. ¿Cuántos de su camaradas de partido y afines ideológicos, o sea agraciados o ilustrados, tanto monta, monta tanto,  con la fortuna de ser de izquierdas de toda la vida, han movido un dedo por hacer de una filosofía como la de Gustavo Bueno y su escuela una filosofía implantada y promocionada en las instituciones educativas?

Para finalizar, sobre «los cuatro jinetes del Apocalipsis de hoy» que menciona. Tiene publicaciones a su entera disposición y en español en editoriales, webs de fácil consulta con ponencias de máximo nivel, críticas, propias de filosofías no adjetivas, sustantivas, que no se deben a ningún grupo o partido, sobre la guerra según sus formas, sus análisis, sus consecuencias, sus niveles de conflicto, su mayor grado de prudencia o no, su filosofía como continuidad de la política, etc.; sobre el controvertido tema del cambio climático y la acción directa del hombre en su advenimiento; sobre las ciencias en su relación con los aspectos gnoseológicos, predicados, y ontológicos o del ser; sobre su clasificación o diferentes cierres y alcances dependiendo del contenido o campo material, terreno que ineludiblemente formateará su propia metodología; sobre las diferencias entre técnica y tecnología, sobre el hacer práctico como construcción y el hacer práctico y propositivo, voluntario, como resultado transformador fruto de su telos materializado; sobre el miedo como terror arbitrario, imprevisto y colaborador no deseado por parte de la víctima ante su verdugo; sobre la bioética, la biomoral, la biopolítica, el trashumanismo (queer, entre otros), los cyborgs, la inteligencia artificial, etc; sobre la idea de arte, progreso, felicidad, y un largo inventario que no hace falta enumerar aquí. Los rostros del apocalipsis no son sólo la muerte, la peste (hoy pandemia), la guerra y el hambre, también son la ignorancia como nueva virtud arropada por voluntades de corto alcance, y la soberbia imprescindible para no permitir reconocer el saber del que realmente sabe más

Por tanto, elimínese la filosofía académica y crítica de los planes de estudio. Hagamos que la realidad se pliegue a nuestros deseos, no la transformemos, no busquemos vías alternativas de reflexión contrastadas, y esperemos a ver qué pasa. La realidad como irreal irá arrollando al que no tiene la fortuna de saber afrontarla, aumentarán los casos de trastornos psiquiátricos, estaremos más solos, entenderemos lo que viene como pura ficción, y así del estado de bienestar pasaremos al cabreo generalizado y disimulado del estado de malestar. Los sueños rotos promocionados e ineludibles instalados en los egos diminutos solos y sin la estabilidad de una familia o un Estado fuerte, abocará al triunfo sin paliativos de lo irracional, del nihilismo, de la barbarie posmoderna en forma de delirio colectivo. Entre sus filas el que dice ser un apóstol genuino de la defensa de la verdadera filosofía y de paso de filosofía verdadera, pero que no la ejerce ni la representa. La esconde por ser causa de la demolición de sus mentiras. Lo real ha de someterse a las voluntades infinitas e individuales, ¿y si no se doblega? Dicha opción no se contempla en los nuevos planes de estudio elaborados desde sus coordenadas nematológicas.

(1) Puede consultarse en https://www.lne.es/opinion/2022/04/08/filosofia-64794093.html. Visitado el 12 de abril de 2022 a las 14.48.

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